Julio Anguita: El corazón de la izquierda

Fernando Plaza
Ex-SG Podemos Guadalajara y miembro del Equipo de Trabajo de la Candidatura Todas Somos Podemos

Seguramente muchos de los que hoy somos militantes de Podemos o Izquierda Unida, lo seamos gracias a la existencia de la figura de Julio Anguita. En mi caso así fue, allá por el año 1992-1993, época en la que Julio Anguita estaba en todo su esplendor y en la que decidí ingresar en Izquierda Unida y el PCE. Recuerdo que cuando Julio visitaba mi pueblo, Linares, llenaba los espacios donde iba, como un Polideportivo con capacidad de 2.500 personas que nunca lo he visto tan lleno de gente y que salía entusiasmada de escucharle. Y esto sucedía en todos los lugares de España.

Desde hace 30 años, siempre he estado pendiente de lo que decía y opinaba. Para mí era el faro de la izquierda de nuestro país. El referente ético y político de una izquierda actual, que a veces le hacía caso, y otras veces no, y cuando esto último ocurría, las consecuencias eran nefastas, como por ejemplo la desunión de la izquierda en determinados territorios que han llevado a gente de la mediocridad de Díaz Ayuso, a gobernar una comunidad tan importante como Madrid.

He leído varios libros de Anguita y podría contar muchas cosas apasionantes de esta gran persona.  Pero hay dos que me han llamado la atención y que posiblemente no sean tan conocidas: una en relación al origen de sus problemas con el corazón y otra en relación a como era la gente de la izquierda en su época, de la que tenemos mucho que aprender.

Julio Anguita fue alcalde de Córdoba desde 1979 a 1986, cargo que dejó para contribuir al impulso de Convocatoria por Andalucía y de la incipiente Izquierda Unida , ya que  en aquel periodo, sobre todo en 1985, el Partido Comunista de Andalucía consiguió tejer una red de alianzas en torno a la idea de la “Construcción de la Alternativa”, resolviendo así en positivo la reflexión de que un solo partido, aun siendo fuerte, no era suficiente para acometer las grandes transformaciones que necesitaba la sociedad y por eso se abrió a la fórmula Convocatoria por Andalucía que fue un referente en la fundación de Izquierda Unida. El resto de la historia es conocida: lideró a Izquierda Unida en Andalucía llevándola a cotas que hasta ese momento no había alcanzado y ese trabajo le supuso liderar la formación a nivel nacional.

Fue sin duda el mejor Alcalde que ha tenido Córdoba en su historia, y en relación a lo que comentaba antes sobre el origen de sus problemas cardiacos, hablaba Julio Anguita en uno de sus libros, que siendo alcalde y con tal de ahorrarle dinero al Ayuntamiento, cuando se desplazaba a Madrid a resolver temas relacionados con su ayuntamiento, se desplazaba en coche a las 4 de la madrugada por la antigua N-IV, que era entonces de doble sentido y los viajes eran muy largos al no haber autovía para luego volver en el mismo día a Córdoba, y todo ello con el fin de ahorrarle dinero de hotel al ayuntamiento. Con esto nos podemos hacer una idea de su honestidad y su sentido de austeridad en el manejo de los fondos del Ayuntamiento. Más tarde reconoció que esas palizas que se pegaba, no fueron a la postre buenas para su salud. Ello unido a la cantidad de responsabilidades que fue asumiendo, al hecho de representar a Izquierda Unida por toda España, a que fumaba mucho, y en definitiva, a una vida intensísima y entregada a la política en su sentido más noble, hizo que un día su corazón le avisara. A partir de ahí se cuidó más y pasó a un segundo plano en la política española, priorizando su salud a la actividad política en primera fila.

Otro hecho que me llamó la atención leyendo uno de sus libros, fue algo que en principio pudiera resultar insignificante pero que en la práctica no lo es tanto: contaba como preparaban a finales de los 70 las elecciones municipales en Córdoba, y decía que nadie quería estar en los primeros puestos de las listas e incluso se peleaban por no ir. Eran otros tiempos en que la gente que estaba en política no tenía tanto interés en buscar su beneficio personal.

Remaban y trabajaban juntos, sin divisiones y priorizando el interés de la ciudadanía en lugar del interés propio de cada uno, de ahí que no les resultaba importante quienes iban en puestos de salida en las listas. Eran equipos unidos, sin fisuras y con un objetivo claro: gobernar Córdoba para la ciudadanía. Lo consiguieron.

Hoy en día desgraciadamente las cosas han cambiado, y también en la Izquierda: vemos casos de gente a la que le importa mucho ir primeros en las listas para acceder a puestos remunerados y solucionar su futuro. Son los menos, pero hacen mucho daño. No tienen ni vocación de partido ni vocación de servicio a la ciudadanía y eso conlleva a estructuras locales de partidos diezmadas, militantes desmoralizados por actuaciones interesadas de otros, y en definitiva la falta de músculo en las organizaciones de la izquierda, precisamente ahora que más falta hace, ante el ascenso de la extrema derecha.

Es por ello por lo que hemos de seguir el ejemplo de Julio Anguita: hacer política en beneficio de la ciudadanía y no en beneficio propio. Tenemos su ejemplo y no es difícil llevarlo a cabo. Los que no le hicieron caso y formaron por intereses personales, distintos frentes judaicos en la izquierda, nos trajeron a Ayuso, a Almeida y recientemente al Xenófobo Albiol en Badalona, el último episodio sonrojante en relación a la desunión de la izquierda.

Julio se nos ha ido. Ya no podremos ver sus intervenciones ni leer sus artículos que marcaban las líneas a seguir para la izquierda, para no equivocarnos ni cometer esos errores que han traído a la derecha más reaccionaria a importantes instituciones. Pero Julio marcó el camino: el de la honestidad y la búsqueda del beneficio para la ciudadanía y no del beneficio propio. Así lo puso en práctica en su austera vida, y no debe ser complicado que lo pongamos en práctica nosotros.

Julio seguirá siendo el corazón de la izquierda en España. Un corazón que paró, pero que depende de la izquierda actual de que siga latiendo. En nuestras manos está.